miércoles, 30 de septiembre de 2015

Una respuesta a "Hijos"

Purificació, perdona que me dirija a ti con esta confianza a pesar de que no nos conocemos. Lo hago porque me ha encantado tu artículo. Me he sentido identificada con cada línea, con cada palabra y has despertado más de una sonrisa de complicidad en mis labios. Te diré que soy madre de una niña y un niño y te explicaré por qué me ha gustado tanto leerte y por qué me veo en la necesidad de responder, a pesar de que tal vez nunca leerás esta respuesta ya que yo no soy filóloga ni periodista de renombre ni nada.

Me he sentido identificada con tu artículo porque he visto reflejado en él a mi yo de 30 años, la edad que tienes tú ahora. Cuando yo tenía 30 pensaba exactamente igual que tú. De lo que me alegro es de no haber escrito un post como el tuyo cuando tenía 30 años, ya que ahora, después de tener dos hijos, me hubiera sentido totalmente ridícula leyéndolo.

De hecho, yo también hice preguntas a mis amigos con hijos como las que tú te planteas... ¿por qué la gente tiene hijos? Como tú, recibía la información sobre la maternidad y paternidad totalmente sesgada: pañales, cortar fruta, noches sin dormir... yo también soy una romántica y lo que oía no se correspondía para nada con el futuro que yo imaginaba: una mujer viajera, descubriendo lugares exóticos, dedicándome a escribir y a estudiar que era lo que me encantaba... Definitivamente la maternidad no iba conmigo y cada día que pasaba lo tenía más claro.

Es curioso que hayas escrito este artículo con 30 años y no con 25. Probablemente tú también piensas que en breve se te pasará el arroz, y por eso necesitas justificar tu negación a la maternidad con palabras. Con 25 años, ni te lo planteabas. Si había dudas, ya las resolverías.

Como te decía, yo también preguntaba a mis amigos por qué habían decidido tener hijos y las respuestas no me satisfacían: yo no sentía una ganas locas de tener hijos ni quería tenerlos porque es lo que tocaba. Tenía verdadera aversión a coger en brazos a los bebés de mis amigos (y todavía la tengo). Afortunadamente, entró en mi vida una pareja que sí quería tenerlos y que me apremiaba para que tomara una decisión.

Me costó un año de psicoterapia darme cuenta de que los ataques de ansiedad y pánico que sentía en situaciones que nada tenían que ver con tener hijos, estaban relacionados en realidad con la decisión que tenía por delante: tenerlos o no tenerlos. Era un miedo visceral a tomar una decisión que pusiera mi vida patas arriba pero yo no me daba cuenta de que ese miedo estaba ahí.

Cuando tomé la decisión de tenerlos, la ansiedad desapareció en parte, pero he de reconocer que yo decidí tener hijos por una razón que todo el mundo criticaría: "es que mi pareja quería, y pensé pues bueno, que sea lo que Dios quiera". Terrible. "No se ha de tener hijos si no estás totalmente seguro", te dirán. Pero en mi caso se equivocaban.

Estoy totalmente convencida de que nadie sabe de qué va la paternidad ni la maternidad hasta que no tiene hijos. Por esa razón, es totalmente imposible decidir con el raciocinio sobre algo que desconoces absolutamente. Si solamente escuchas lo duro que es ser madre, nunca decidirás que quieres serlo, que es evidentemente, lo que te pasa a ti ahora. Y es lo que me pasó a mi.

Así que creo que tu pregunta es equivocada. ¿Por qué la gente decide tener hijos? es totalmente irrelevante: algunas lo harán por claro instinto maternal (admiro a estas mujeres, que sabiendo despertar su inteligencia animal, ya intuyen lo maravilloso que será ser madre), otros lo hacen porque "ya toca" y otros lo hacen por accidente, fíjate. En cualquier caso, las razones no importan.

Lo que importa es lo que llega después. Nada te prepara para lo que llega después. Ni el instinto maternal, ni tus amigas madres, ni todo lo que creías saber y conocer de ti misma.

Dices que la maternidad te amuerma y te vuelve gris y yo pensaba igual que tú. Cómo podía estar tan equivocada. No hay nada que te despierte más a la vida que tener un hijo: es un manotazo que te abre a una luz totalmente nueva en la que se desploman y ascienden de golpe tus miedos, tus ideas preconcebidas, tus límites y todo lo que creías conocer sobre el amor y el sentimiento. Nunca te sentirás más despierta que siendo madre.

Las personas que han contestado a tu post te dicen que si no quieres tener hijos no los tengas. Pero fíjate; yo te animaría a lo contrario. Y no porque tenga la patética necesidad de meterte en mi club de amuermados y grises, sino porque creo que una mente como la tuya que busca incansablemente nuevas experiencias y retos en la vida, disfrutará mucho más de la maternidad y sabrá sacarle el jugo al máximo.

Ser madre (y padre) te abre a un mundo de posibilidades, empezando por la elección de qué tipo de madre vas a querer ser. Aunque no lo parezca, existen madres a las que les preocupa mucho más que el tipo de cochecito o las prestaciones de la guardería. Del mismo modo que un lunes por la mañana en la oficina no te pones a hablar de Becquer ni comentas que "el tío con el que me enrollé el sábado, me miró a los ojos y me di cuenta de que percibía mi tristeza", tampoco les oirás a esas madres hablar así. Sería un poco ridículo y presuntuoso ¿no crees? Hay momentos en los que la gente habla de cosas prácticas simplemente para tener la seguridad de que su interlocutor no pensará que es gilipollas. Pero si hablas con una madre o con un padre y primero te limitas a escuchar los comentarios de rigor: los pañales, la guardería etc... y si tienes un poco de paciencia y preguntas con humildad, probablemente te hablarán de otras cosas que nunca has escuchado.

Cosas como por ejemplo, que no necesitarás leerle a Becquer a tu hijo (aunque podrás hacerlo si lo deseas, y a tu hijo le encantará) porque él creará historias y poesía fascinante para ti mucho mejor que la de los clásicos. No necesitarás enseñarle palabras como madreselva o pensil, porque él te descubrirá mil rincones idílicos en los parques más anodinos. Te mostrará con los ojos llenos de emoción la belleza de una zarza y la utilidad de una rama seca. Fíjate que en todos los casos se trata de lo que él te dará a ti y no de lo que tú le darás a él, aunque esto también será importante.

Descubrirás que la maternidad no sólo no es gris sino que posee un sinfín de matices en todos los colores que apenas podías percibir cuando no tenías hijos: descubrirás esos mil matices en la ternura, un sentimiento que hasta ahora te hubiera parecido imposible poder sentir con tanta fuerza y en tantas variantes...

Descubrirás el calor intenso de tener a tu "cría" pegada junto a ti respirando, descubrirás, cuando pases noches enteras sin dormir, cuando tengas que limpiar pañales, escuchar  gritos y llantos que posees una generosidad dentro que sólo pudo salir a la luz cuando llegó a tu vida el ser que más ibas a amar en tu existencia.

Descubrirás la inocencia en estado puro y eso te hará volver a confiar en el género humano. Curiosamente, dejarás de estar tan segura de que el hombre es un lobo para el hombre. Las guerras, los asesinatos, la maldad del ser humano, adquirirán significados nuevos para ti que despertarán tus miedos y tus valentías más escondidas. De pronto, podrás percibir la bondad y la maldad del hombre en toda su grandeza.

Claro que tendrás pensamientos como "esta noche, me miró y creo que percibía mi tristeza", pero no los compartirás con nadie porque cuando tu hijo nazca se creará un círculo invisible en torno a tu nueva familia del que no querrás que salga nada para poder disfrutar en la intimidad del precioso secreto que es ver sonreír a tu hijo por primera vez. Con ninguna beca, viaje o trabajo sentirás lo que te arderá en el pecho cuando escuches la primera carcajada de tu bebé.

La pregunta no es ¿por qué tienes hijos? La pregunta quizás podría ser: ¿por qué se tiene un segundo hijo? En este caso, los padres ya saben a lo que se enfrentan y muchos repiten, una y más veces porque tener un hijo es como una droga: que te hace daño muchas veces y sin embargo el placer que te proporciona, el sentido que da por instantes a tu existencia, quisieras que no desapareciera jamás.

Veo por tu artículo que has abierto vías de investigación para averiguar por qué la gente tiene hijos y qué es lo que les sucede cuando lo hacen. Fíjate que yo también desarrollé una interesante (y estúpida) teoría basada en las respuestas que recibía. Tenía la convicción de que la gente, una vez tiene hijos, se arrepiente totalmente, pero como es totalmente imposible dar marcha atrás en la decisión, te venden algunas bondades sobre la maternidad para auto convencerse: que es muy bonito, que le quieres mucho a tu hijo y blablabla. Mi pérfido intelecto en lugar de escuchar con atención estas explicaciones, que son las que verdaderamente dan sentido a tu vida en la maternidad, se limitaba a quedarse con lo malo: con los pañales, las cacas y las noches sin dormir, como si esto tuviera alguna importancia en realidad.

Mi teoría, evidentemente, cuando tuve mis propios hijos se vio totalmente refutada.

Si tienes hijos, descubrirás cuán equivocada estabas y como hablabas desde dentro de la caverna, sin poder ni siquiera intuir la luz reflejada del exterior. Cuando tu hijo te coja de la mano, cuando inventes juegos para él, incluso cuando llores por las noches pensando en esos límites a los que jamás pensabas que llegarías, vislumbrarás la respuesta a todas tus preguntas: no sólo ¿por qué la gente tiene hijos? sino ¿por qué estoy en este mundo? y ¿cuál es el sentido de mi existencia? Cuando tu hijo recién nacido te mire a los ojos, te asomarás a un abismo de generaciones enteras y entenderás la grandiosa cadena de tus ascendientes que se prolonga hasta los principios de la humanidad. Entonces, por un segundo, percibirás el sentido de la vida y la razón por la que la gente tiene hijos te parecerá absurda y banal.

Te aseguro que no hay mujer menos realista que yo. Te prometo que detesto pelar la fruta, es más, muchas veces no les doy fruta a mis hijos sólo por no tener que pelarla. Me considero una romántica inútil como tú, y no he encontrado en ningún libro de ningún clásico, debajo de ningún puente de París, ni en ninguna conferencia sobre el sentido de la vida, lo que he podido encontrar teniendo dos hijos. Te animo a que lo descubras. No te decepcionará. ¿No te animas?