sábado, 6 de febrero de 2016

Saltando sobre lechones (o por qué me hice vegetariana)

¿Te suena esa situación en la que te encuentras con un ex novio odioso o con un amigo con el que acabaste fatal y te dice algo que te saca de quicio y no se te ocurre cómo contestarle en el momento para dejarle con el pico cerrado? Seguro que habías ensayado mentalmente cientos de frases irónicas y lapidarias con las que callarle la bocaza. Y justo, a la hora de la verdad, te quedas en blanco, sonriendo como un lelo para después odiarte a ti mismo por no haber sido más rápido con tu respuesta. ¿A que te has visto alguna vez en esa situación?

Pues ahora podrás entender cómo me siento cada vez que me preguntan por qué soy vegetariana.

Lamentablemente, siempre suele suceder que tras la pregunta y una vaga y políticamente correcta respuesta por mi parte, suele venir algún comentario de esos que hacen hervir la sangre, y siempre me pasa, que no encuentro recursos en el momento para salir airosa de la situación. Por eso voy a escribir este post.

Que sepas, que cuando me preguntas por qué soy vegetariana y en función del comentario posterior que cierra la conversación (generalmente nadie tiene interés en alargarla para escuchar los verdaderos motivos de mi decisión, luego explicaré por qué), automáticamente entras en una de las categorías de mi lista de "tipos de personas que preguntan por qué eres vegetariano". Estos tipos que he ido perfilando con los meses, son los siguientes:

- El chistoso: es el caso más común. Cuando digo que soy vegetariana por una cuestión ética hacia los animales, suelen responder con algo tipo "donde esté un buen chuletón", "pufff, quita, quita, renunciar al jamón...", "pero mujer, si las lechugas también sufren..."... comentarios que suelen ir acompañados de una risotada o una sonrisa por encima del hombro. Éste suele ser el tipo más frecuente. Quiero pensar, que intuyen que mi explicación posterior va a ser deprimente, que seguramente voy a mencionar cómo los animales mueren entre tremendos dolores y sufrimiento, que los cerdos, en ocasiones, al final del proceso de producción, llegan todavía vivos al blanqueo por lo que sienten como si los estuvieran hirviendo en vida, o que todavía hay millones de gallinas en el mundo que no pueden ver la luz del sol y que enloquecen en espacios ínfimos que comparten con otras miles durante toda su desgraciada vida. Supongo que al intuir que la conversación va a derivar hacia estos derroteros, prefieren darla por zanjada con un chiste patético. Es una jugada maestra, ya que después de un comentario jocoso, nadie se pone a filosofar sobre el sufrimiento animal. Así pues, ahí me quedó yo: con mi risita falsa, diciendo... jajaj, ya ves chico, que masoca soy por renunciar al jamón.

- El segundo, también bastante habitual, es el condescendiente: éste quizás sea peor aún. Es el que siente pena por ti. Hace poco, una mujer me dijo directamente con una tristeza infinita: "Pero chica, ¿por qué hacéis estas cosas?" La pregunta, evidentemente, era retórica; no tenía ni puñetera gana de saber realmente por qué hacía esas cosas. Lo que más me sorprendió fue el "hacéis". ¿A quíen se refería? ¿A los vegetarinos? ¿A los hippies del mundo? ¿A los jóvenes? (era considerablemente más
mayor que yo). Me quedé con las ganas de preguntárselo. Pero otra vez, la vergüenza del momento me dejó paralizada. Lo curioso de los condescendientes es que paradojicamente, muestran una gran sensibilidad y empatía hacia sus iguales, que les hace entristecerse y compadecer a la gente que ha dejado de comer carne, pero no la proyectan hacia ningún ser vivo más. Y mientras padecen porque alguien está comiéndose unos guisantes con patatas la mar de ricos, son capaces de engullir sin remilgos una chuleta de una ternerita que probablemente fue separada de su madre al poco de nacer con tremenda crueldad.

- El filósofo: éste tipo de "preguntadores" en ocasiones pueden ser incluidos también en la última categoría; la de aquellos que secretamente también querrían ser vegetarianos. Los filósofos normalmente sí que quieren saber por qué eres vegetariano pero generalmente suelen tener más interés en convencerte de que no lo seas. He llegado a la conclusión de que lo hacen para convencerse a sí mismos de lo bien que hacen siendo omnívoros. Estos sí que suelen esperar a oir tus argumentos y entonces te los intentan rebatir. Algunos clásicos son: "gracias a que el ser humano en un momento empezó a comer proteína de carne, pudo evolucionar y su cerebro se desarrolló" o "hay estudios que demuestran que los vegetales también sienten dolor" o "es parte de la naturaleza matar a otros seres vivos para subsistir".

Yo también tengo argumentos de sobra para rebatir estas frases. Si alguien quiere saber cuáles son, más adelante los expondré. Lo que me interesa confesar ahora es que maldita la gracia que me hace en un restaurante, cuando me dispongo a disfrutar de una buena comida, tener que responder a semejantes cuestiones vitales. Pues por esa razón, me quedo callada y se me ponen rojas las orejas de vergüenza.

- El último tipo es el pre-converso. Es gente que secretamente quiere ser vegetariana. En este grupo estaba yo antes de dejar de comer carne (aunque desgraciadamente antes también pasé por los otros grupos). Son personas que realmente te preguntan con interés las razones que te han llevado a tomar esa decisión. Hay que cuidar a estas personas y tener paciencia para contestarles porque ya sienten el sufrimiento animal y todo lo que conlleva ser vegetariano pero les falta el último empujoncito para dejar a un lado las presiones sociales. A este tipo es al que le dedico más tiempo y con los que menos me molesta explicar las verdaderas razones de mi decisión.

Y ahora, dicho esto... si eres del tipo 1: disfruta de tu chuletón. Me sorprende saber que hay gente que prefiere una satisfacción momentánea sabiendo que conlleva un sufrimiento previo de un ser vivo. Imagino que nunca habías pensado en esto o que directamente te da igual. Que aproveche.

Si eres del tipo 2: no sientas pena por mí. Yo llevo una vida coherente con mis valores. Cuando como unas legumbres o una verdura, siento que estoy haciendo del mundo un sitio un poquito mejor. Esto me hace feliz. No sufras porque no voy a comerme un pintxo de txistorra en Santo Tomás. Un consejo: amplía tu tristeza a los seres vivos que sufren de verdad por tu errónea decisión.

Si eres del tipo 3: busca dentro de ti y pregúntate por qué quieres convencer a una persona para que coma carne. ¿No será que en lo más profundo de tu conciencia, sientes que estás haciendo algo mal y necesitas que el resto de la gente cambie para darte la razón?

Si eres del tipo 4, sigue leyendo. Ahora vienen las verdaderas razones por las cuales me hice vegetariana.

Cuando nació mi primera hija, empecé a descubrir lo que son los instintos biológicos. Nunca había sentido nada de esto. El ritmo de vida actual hace que todo sea muy cerebral y los impulsos naturales, los ritmos biológicos suelen quedar relegados a segundo término. Cuando nació mi segundo hijo, ya tenía superados los miedos y preocupaciones que no te dejan disfrutar plenamente del primero y sentí (y siento) estos instintos mucho más profundamente.

He descubierto con mi segundo hijo que hay un vínculo muy fuerte entre madre e hijo que nada tiene que ver con el raciocino humano. Tu hijo llora cuando no estás con él, cuando no lo consuelas, cuando no lo alimentas. Si se golpea, también sufre o si se hace una herida. Pero aparentemente, no tiene consciencia, no puede pensar ni llegar a conclusiones ni hablar, ni nada de lo que normalmente se esgrime para poner en evidencia la superioridad del hombre sobre las demás especies.

Un bebé humano es como un pequeño animalito. Al margen de lo que alguien pueda decir sobre la dignidad humana que es lo que nos diferencia de los animales, nadie podrá negar que un bebé es más parecido a un pequeño lechoncito o a un corderito recién nacido que a un adulto humano hecho y derecho. Entonces... ¿por qué hacemos sufrir a millones de pequeños animales recién nacidos? ¿Podríamos hacer lo mismo con bebés? Si es porque consideramos que los bebés tienen dignidad y los lechones no... ¿podríamos hacer sufrir a millones de cachorritos de perro? ¿Tampoco?

Al hacerme esta pregunta, viendo a mi bebe recién nacido comiendo feliz junto a mí o viéndolo sufrir si tenía que estar separado, no pude más que preguntarme también qué es lo que estamos haciendo con millones de seres vivos en este momento en el planeta. Cuánto sufrimiento estamos generando por el placer momentáneo de comer algo que sólo nos resulta sabroso.

Si es cierto que el ser humano evolucionó gracias a comer carne, pues bienvenido sea. ¿Vamos a evolucionar más si seguimos comiéndola? Personalmente, estoy contenta con nuestro momento en la evolución (con la salvedad de que considero que el ser humano es egoísta, cruel y agresivo en ocasiones y dudo que el hecho de seguir comiendo carne vaya a cambiar esto). Si somos racionales y tenemos los medios para estar sanos sin necesidad de comer carne ¿por qué no lo hacemos?

Por otro lado, cuando sepa de buena tinta que un vegetal sufre (y no niego que sea así), empezaré a sentirme culpable por comerlos. Hasta entonces, si está demostradísimo que los animales de granja, por ejemplo, sí que sienten padecimiento cuando se les tortura, cuando están en cadenas de producción, sienten miedo y estrés, y muchas veces sufren dolor físico cuando se ven privados de sus instintos naturales sólo para satisfacernos... ¿no es mejor empezar a dejar de comerlos inmediatamente y ya veremos más adelante qué pasa con los vegetales? ¿Como los vegetales sufren, ya puestos, vamos a hacer sufrir también a los animales?

Otro de los argumentos que se suelen esgrimir en contra de ser vegetariano es que es parte de la naturaleza matar y comer a otros animales para sobrevivir. Pero ¿a quién pretendemos engañar? ¿Es que el hombre de una sociedad desarrollada como la nuestra, en la que la obesidad campa a sus anchas, en la que no tenemos carencia de ningún nutriente, va a necesitar comer carne para subsistir? Venga ya. Otra cosa sería que viviéramos en una selva, abandonados de la mano de Dios, y tuviéramos que cazar para no morir de hambre. Pero comer carne, ave o pescado todos los días, procedente de industrias en las que se sacrifica a millones de animales inocentes para satisfacer nuestra gula y glotonería en unas cantidades que lejos quedan de lo que consideramos sobrevivir y se acercan más a ser un peligro para nuestra salud, sinceramente, no me parece que sea tampoco un argumento válido.

No encuentro, de verdad, razones convincentes que me lleven a considerar seguir comiendo carne. Todo lo que escucho es rebatible y en mi opinión, rebatible con argumentos más acertados y de mayor sentido común. Creo que mucha gente piensa como yo o lo pensaría si dedicara un minuto a pensarlo. Entonces ¿por qué seguimos comiendo carne?

Hace poco, dos jóvenes perturbados, o simplemente, hijos de una sociedad indiferente, egocéntrica y especista, decidieron que era una idea brillante ponerse a saltar encima de unos cientos de lechones que estaban hacinados esperando ser conducidos hacia su muerte. Lo grabaron con el móvil y mucha gente manifestó su horror hacia semejante acción salvaje. Mi estupor vino al comprobar que nadie pareció indignarse por el hecho de que esos lechones habrían sido separados de sus madres recientemente; que estaban hacinados, probablemente sufriendo, encadenados a sus instintos naturales, por la soledad de no estar con su camada, de estar rodeados de miles de los de su especie aterrados de miedo y dirigiéndose hacia su muerte.

¿Que es lo que nos lleva a indignarnos por la acción de unos jóvenes que matan a unos lechones pero no nos perturba pensar que esos lechones estaban sufriendo igualmente y que cada día, cada minuto, millones y millones de pequeños (y grandes) animales sufren sólo para satisfacernos? ¿Por qué una cosa nos indigna y lo demás no?

Cuando empecé a sincerarme conmigo misma acerca de estas cuestiones, cuando me di cuenta de la hipocresía en la que vivimos, del egoismo de una especie que se dice superior a las demás, y que sin embargo demuestra una crueldad, violencia y falta de empatía racional o instintiva hacia otras especies, cuando empecé a vislumbrar que es posible vivir en coherencia con unos valores en contra del sufrimiento de ningún ser vivo... entonces decidí hacerme vegetariana.

Creo que estamos aquí, con todas las virtudes y dones del ser humano, para convivir con otras especies que tienen sus propias virtudes. Creo que tenemos la suerte de ser racionales para darnos cuenta de que podemos elegir, de que podemos tener una conciencia y actuar en consecuencia. Tenemos la suerte de vivir en una sociedad en la que no necesitamos ser crueles para sobrevivir. El ser humano tiene todo lo bueno y todo lo malo dentro de si mismo. Está dentro de cada uno de nosotros la posibilidad de decidir qué lado vamos a elegir a la hora de tomar decisiones en nuestra vida, también en lo que a la comida se refiere. Yo he hecho mi elección.

Estas son mis razones. Espero que calmen tu curiosidad.

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